Es bastante penoso encontrar en la vida personas que tomaron una profesión o un trabajo y después de un tiempo los vemos que lo desempeñan con desgano, hasta con enojo, nos viene al pensamiento: “esta persona no debería estar aquí”.
Es verdad que las dificultades de la vida, la repetición de las mismas acciones puede hacer de nuestros trabajos una rutina que se lleva como un sacrificio, pues de ahí tenemos el sustento. Pero también podemos considerar la experiencia contraria, personas que llevan muchos años en un empleo y los siguen haciendo con alegría, con amabilidad y entusiasmo, eso nos suscita admiración y el deseo de que a nosotros también nos pasara.
En la Iglesia tenemos a los sacerdotes, con toda esa responsabilidad de ser guías espirituales de comunidades con un gran número de integrantes, un servicio que requiere de la implicación de toda la persona, por ello el sacerdote necesita estar renovando su vida para poder ser luz en medio de la comunidad.
«Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti» (2 Tim 1, 6), todo sacerdote está invitado por Dios, a través de las palabras que el Apóstol Pablo le dirige a Timoteo, a mantener siempre vivo el carisma que ha recibido por obra del Espíritu Santo en el Sacramento del Orden Sacerdotal. La misma Iglesia proporciona diversos medios para que esta exhortación pueda ser una realidad, entre ellas se tiene la Formación Permanente de los Sacerdotes, que la Exhortación Apostólica postsinodal del Beato Juan Pablo II Pastores Davo Vobis (Os daré Pastores) describe de una manera hermosa y detallada.
Las palabras del Apóstol al Obispo Timoteo se pueden aplicar legítimamente a la formación permanente a la que están llamados todos los sacerdotes en razón del «don de Dios» que han recibido con la ordenación sagrada. Ellas nos ayudan a entender el contenido real y la originalidad inconfundible de la formación permanente de los presbíteros. También contribuye a ello otro texto de san Pablo en la otra carta a Timoteo: «No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros. Ocúpate en estas cosas; vive entregado a ellas para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Vela por ti mismo y por la enseñanza; persevera en estas disposiciones, pues obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (1 Tim 4, 14-16).
El Apóstol pide a Timoteo que «reavive», o sea, que vuelva a encender el don divino, como se hace con el fuego bajo las cenizas, en el sentido de acogerlo y vivirlo sin perder ni olvidar jamás aquella «novedad permanente» que es propia de todo don de Dios, —que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap. 21, 5) y, consiguientemente, vivirlo en su inmarcesible (imperecedero) frescor y belleza originaria.
Pero este «reavivar» no es sólo el resultado de una tarea confiada a la responsabilidad personal de Timoteo ni es sólo el resultado de un esfuerzo de su memoria y de su voluntad. Es el efecto de un dinamismo de la gracia, intrínseco al don de Dios: es Dios mismo, pues, el que reaviva su propio don, más aún, el que distribuye toda la extraordinaria riqueza de gracia y de responsabilidad que en él se encierran.” (PDV 70).
En la semana del 23 al 27 de enero el presbiterio diocesano de León se ha reunido para vivir El Curso de Renovación Teológico-Pastoral 2012 con el siguiente objetivo:
“Profundizar a la luz de la Palabra de Dios y los documentos de la Iglesia, sobre nuestra identidad sacerdotal y las actitudes personales y pastorales que de allí brotan y recogiendo las expectativas de nuestro pueblo sobre sus sacerdotes, elaborar nuestro proyecto personal de vida, fortificar nuestro proceso de crecimiento, apoyados por nuestros decanatos, nuestra etapa de formación y otros grupos.”
El proceso que se recorrió tuvo los siguientes pasos:
1.- Reflexión bíblica, teológica y espiritual sobre el ser sacerdotal, enriquecido por los documentos de la Iglesia.
2.- Confrontación con nuestra realidad, teniendo en cuenta las expectativas de nuestro pueblo, plasmadas en una encuesta realizada previamente y otras técnicas que nos ayuden a confrontarnos, interpretar esa realidad, descubrir qué nos dice.
3.- Aprender a elaborar un proyecto de vida personal y realizarlo con los elementos anteriores y después de hacer un diagnóstico de la realidad personal y visualizar con esperanza nuestro futuro.
4.- Que todos conozcan claramente las estructuras que apoyaran este proceso personal permanentemente y su funcionamiento: Decanatos, etapas de formación y otros grupos.
El objetivo y los pasos del curso, tienen su razón en la etapa que estamos viviendo del Plan Diocesano de Pastoral, pues una de las prioridades que se ha estado trabajando ha sido “El impulso a la Pastoral Presbiteral”, como renovación de las personas que pueda sostener la nivelación de las estructuras pastorales. También como una respuesta a la “Encuesta de opinión sobre los sacerdotes” aplicada desde las parroquias en los meses de julio y agosto del 2011.
Seguramente tu párroco también asistió a este curso, reza por él para que lo sembrado por Dios en su vida, fructifique en bien suyo y el de la comunidad.
P. Apolinar Torres O.
