1er Valor de la Campaña Vocacional

"HUMILDAD"
Durante el Año Sacerdotal, se realiza la promoción al Sacerdocio Diocesano y del Sacerdocio Común, del cual todos participamos desde nuestro bautismo. El Sacerdocio es una llamada y un envío, propios del Sacerdocio Ministerial y para todo cristiano porque el Ministerial modela y dirige al pueblo y efectúa el Sacrificio Eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todos y los fieles, quienes, por su sacerdocio real, participan en la oblación de la Eucaristía, en la oración y acción de gracias, mediante una vida santa, abnegada y de caridad operante. La imagen del sacerdote y de su consagración podría ayudar a cada cristiano a descubrir cuál es su misión en el mundo y a quién acudir en el cumplimiento adecuado de su tarea.

PRIMER VALOR: “LA HUMILDAD”:
Del Latín humilitas à humus = tierra. Es el valor para…

* Aceptar la propia condición - Mediante el valor para ver y aceptar la propia verdad, se puede vivir sin miedo.
* Contemplar la propia verdad.
* Descender hasta el abismo de la propia alma: virtudes, sombras, resentimientos, delirios de grandeza, tristeza, miedos e impotencia. Al ocultarnos tras una fachada, demos tramos el temor a ser descubiertos en nuestras debilidades y errores ocultos.

La humildad es un valor religioso:
· Es reconocer la propia verdad, que puede ser dolorosa.
· Es condición para tener experiencia de Dios.
· Evita que nos consideremos superiores.
· Nos mantiene con los pies en el suelo.
· Es característica necesaria para el discernimiento.
· Es condición para un buen encuentro con los demás.

Quien es humilde enfrenta lo obscuro de su alma y reconoce lo bueno en él, aceptando su condición terrena. No enturbia sus relaciones humanas con necesidades reprimidas, heridas ocultas, etc.

-Quien trata de agotarse a favor de los demás, por sentimientos de inferioridad o superioridad, no puede ayudar en verdad y llega a atar a las personas en lugar de darles libertad.
- El encuentro humilde con todo lo que somos es para que nuestro encuentro con Dios sea sincero, auténtico y podamos escuchar el llamado que sigue, en las propias circunstancias.

1ª Actitud: PERSEVERANCIA: Permanecer, durar.
Según mis capacidades, puedo fijarme metas, tomar decisiones, llevar a cabo los planes.

* El perseverante sabe a dónde se dirige
* Conociéndose, sabe lo que desea alcanzar
* Toma en cuenta sus límites
No se debe tener objetivos demasiado elevados para no frustrarnos ni confundir la perseverancia con la testarudez.

La perseverancia requiere:
* Tener claro el proyecto de vida
* Establecer los propios límites
* No exigirse demasiado
* Valorarse debidamente

Los problemas y dificultades no desaparecen. Hay que considerarlos para no desanimarse.
La perseverancia tiene qué ver con el deseo de paz interior, equilibrio y la armonía propia.

Es testarudo es quien vive aferrado a lo imposible, en otro mundo que no es real.
Cree que es posible alcanzar todo y que puede llegar a ser como Dios.

2ª Actitud: FIDELIDAD. Vocación y Fidelidad siempre juntas.
La infidelidad está de moda y puedes validar todo con el sentimiento y dejar tus opciones.
Servir a Dios está vinculado con:
La infidelidad está ligada al desamor: las implicaciones del servicio desaparecen y solo queda la indiferencia o la conveniencia.Reconocimiento sincero de uno mismo para no utilizar el servicio como plataforma para ser jueces de los demás, sentirse superiores y especiales, sirviéndose a sí mismos en vez de a Dios a través del prójimo.

Soy fiel cuando:
* Estoy pendiente de Dios
* Busco agradarle
* Quiero lo mejor para Él
* Me desvivo en atenderle

La infidelidad está ligada al desamor: las implicaciones del servicio desaparecen y solo queda la indiferencia o la conveniencia.

La persona fiel:
* Tiene el suelo bajo sus pies, es humilde y no es terca
* NO engaña ni traiciona
* Es capaz de cumplir la palabra dada
* Mantiene los afectos

3ª Actitud: DESPRENDIMIENTO.

* Desprenderse
* Despedirse
* Separarse de los amados

ARTE que se aprende a lo largo de la vida. Existen muchos obstáculos que lo impiden: miedos personales, experiencias de abandono en la infancia, miedo a la soledad y el fracaso.

Sólo puede nacer algo nuevo, desprendiéndonos de lo viejo. Aferrarse a lo que fue importante, nos tumba bajo el peso de lo que no se suelta. Bloquea el camino interior y exterior.


TRANSFORMAR:
Ofrecer = Transformar en divino algo terreno.

Ser sacerdote significa que en todos los trabajos cotidianos se nota que pertenecemos a Dios, que estamos a su servicio y no al nuestro. Que Dios se hace visible y palpable por el modo como vivimos y trabajamos. Que le ofrecemos sacrificios, alabanzas, etc.

El camino de transformación de lo terrenal en divino pasa por la oración, la alabanza, donde se pone ante Dios el trabajo, el cuerpo, el alma, los miedos, fracasos, éxitos, dudas, resentimientos y se ruega a Dios para que los traspase con su amor. Al reunirse en alabanza se realiza un servicio sacerdotal, presentando la ofrenda a Dios.